Origen
y doctrina del hinduísmo
Hinduismo es el nombre que en el siglo XIX
recibió la coalición de religiones existentes en la India y su etimología se
halla en la palabra persa "hindú" y el sánscrito "sindhu"
que significa “río” y se refiere a los pueblos que habitan el valle del Indo.
El hinduísmo surgió en la India hacia el 1750 a.C. Carece de un único fundador,
como así también de profetas o de una estructura institucional. Se estima que
los pueblos arios que invadieron la India, trajeron en su cultura a los
primeros dioses.
El hinduísmo es
una forma ulterior más moderna de la religión Brahmánica (religión primitiva de
la India,
fuente de tradiciones religiosas que alcanzó su apogeo en el período védico, entre
el 1500-500 a.C, cuyos seguidores sólo creían en Brahma).
El hinduismo
La mayoría de los hindúes adoran a una
multitud de dioses y diosas; algunos hasta 300.000. Todos estos diversos dioses
convergen en un espíritu universal llamado la Realidad Última, o Brahman. Brahman no es un dios, sino más bien un
término para la totalidad última. Los hindúes consideran que su posición en la
vida está basada en sus accionen es una vida previa. Si su comportamiento fue
malo, podrían experimentar tremendas penurias en esta vida. El objetivo de un
hindú es ser libre de la ley del karma...ser libre de las continuas
reencarnaciones.
Hay tres formas posibles de terminar este
ciclo del karma:
1. Estar
consagrado entrañablemente a algunos de los dioses o diosas hindúes;
2. Crecer
en el conocimiento a través de la meditación en Brahman (la totalidad)... para
darse cuenta de que las circunstancias de la vida no son reales, que la
personalidad es una ilusión y sólo Brahman es real;
3. Dedicarse
a varias ceremonias y ritos religiosos.
Un beneficio personal del hinduismo es que
una persona tiene la libertad de escoger cómo trabajar para llegar a la
perfección espiritual. Otra ventaja es que el hinduismo tiene una explicación
para el sufrimiento y el mal del mundo. En el hinduismo, el sufrimiento que
padece alguien, sea enfermedad, hambre o desastre, le corresponde a esa persona
por sus propias acciones malas, generalmente de una vida anterior. Sólo importa
el alma, que un día será libre del ciclo de renacimientos y descansará.
La mayoría de los
hinduistas creen en muchos dioses, por lo que se trata esencialmente de un
credo politeísta. Algunos de éstos son Brahamán, Visnú, Shiva, Sarasvati,
Indra, Lakshmi, Kali y Krishna. Sin
embargo, una única realidad subyacente es el nucleo de este credo: al morir el
alma reencarna y vuelve a nacer en otro cuerpo (samsara). De esta forma,
las personas que llevan una vida correcta vuelven a nacer en una vida superior,
mientras que los que no, lo harán en una inferior. Esta es pues, la ley del
Karma. Así, el fin último es liberarse del ciclo de reencarnaciones para
alcanzar la liberación (moksha).
Lo esencial de las soluciones dadas al problema del
dolor en el Hinduismo
En el hinduismo, la causa del sufrimiento es el "karma", que se origina como consecuencia de las acciones malas que se han cometido en la vida presente o en anteriores reencarnaciones. Se libera alguien del "karma" mediante el conocimiento de la verdad y el anuncio de la palabra de Dios. Dios es el remedio. Paralelamente, se mencionan otras causas del dolor, que son: los dioses, el mundo, la ignorancia y el sufrimiento.
En el hinduismo, la causa del sufrimiento es el "karma", que se origina como consecuencia de las acciones malas que se han cometido en la vida presente o en anteriores reencarnaciones. Se libera alguien del "karma" mediante el conocimiento de la verdad y el anuncio de la palabra de Dios. Dios es el remedio. Paralelamente, se mencionan otras causas del dolor, que son: los dioses, el mundo, la ignorancia y el sufrimiento.
La liberación del sufrimiento (moksha)
sólo se puede dar cuando la persona haya superado su mal karma, ya sea mediante la
reencarnación o mediante la ayuda
de una divinidad (como en la escuela bhakti del hinduismo).
Problemas con la creencia en la reencarnacióXn
Doce problemas que plantea la doctrina de la reencarnación
1. Regressus in infinitum. Si el alma se incorpora a una nueva vida según
sus acciones pasadas ¿cómo explicar el origen del proceso sin remitir a un
regreso anterior al regreso, necesitado previamente de un comienzo?
2. Autoconciencia no
recognoscitiva. Las
huellas del pasado en mí no son las huellas de mi pasado. Yo actúo, él es
premiado o castigado en la ulterior reencarnación, a tenor de mi actuación.
3. Autoconciencia sin
anamnesia. Se premia
o castiga a ese “él” por algo de lo que él no tiene memoria alguna, lo cual
parece carente de valor ético o pedagógico, pues quien carece de memoria no
puede ni arrepentirse por lo olvidado, ni enmendarse por lo ignorado. La
justicia, si ha de ser tal, exige el vínculo de la memoria, lo cual no ocurre
en la reencarnación.
4. Tránsito de lo
infrahumano a lo humano. Si se ha
reencarnado en un planta o en un animal ¿cómo podría salirse de ahí hacia
arriba, hacia el reino de lo humano? ¿Cuál podría ser al efecto, en orden a una
vida futura, el mérito moral o religioso de una planta o de un animal?
5. Ahistoricidad. Al reestablecerse el orden cósmico global por
medio de la reencarnación “se hace justicia en la estrellas, pero no se hace en
el barrio en que vivo”, al menos no me sirve para mi vida en ese barrio.
6. ¿Un limbo preexistente? La población humana sobre el globo terrestre crece
¿de dónde salen las muchas almas necesarias para en los nuevos cuerpos? Para
salvar esta dificultad el hinduismo afirma que, tras la muerte de la persona,
el alma no se reencarna inmediatamente en otra, sino que espera su turno en el
reino de los espíritus durante un tiempo de duración variable, lo que se llama
el bardo en el Libro Tibetano de los Muertos: el alma pasa un temporada en esa
“isla entre dos vidas”. Antaño, dada la escasez de cuerpos, dicho estado duraba
mucho tiempo, lo que obligaba a muchas almas a esperar su momento fuera de la
Tierra; sin embargo ahora el periodo bardo se ha acortado, y ocurre
precisamente lo contrario.
7. Fatalismo. Cuando a alguien le sucede algo desagradable
suele decírsele en la India: “Es tu frente”, es tu sino, en la convicción de
que en los huesos de nuestra frente llevamos grabado indeleblemente el porvenir
, decretado según nuestra conducta en vidas anteriores: no hay, por tanto, más
remedio que la resignación, pues la “vara” que pone las cosas en su sitio se encarga
de todo. Y, cuando esta convicción se conjuga con la astrología (que a su vez
interpreta los signos del karma), entonces el destino queda aclarado: las
estrellas en la India lo saben todo. Más la seguridad de que habrá otras vidas
deja adrede para cualquiera de ellas el esfuerzo requerido por la perfección
final: no hay prisa. El Todo se impone con su peso todo. Asfixia. El individuo
está engranado en su rotar incesante, anclado en lo supracósmico que le trae y
le lleva, como grandes oleadas del mar engullidor.
9. Compasión que no
com-padece. Así las
cosas, tampoco parece fácil ayudar a nadie. A pesar de la compasión (que en el
budismo se agiganta), difícil es echar una mano a alguien; insuficiente
respuesta, pues, pese a su belleza, la de aquel santón hindú, refiriéndose
solidariamente a otra persona: “si su karma es morir, el mío es dar la vida por
él”. Cada cual ha de pagar por sí mismo su propia deuda.
10. Alienación
existencial. Un
reflejo desafortunado del reencarnacionismo es el de las castas: la persona
queda atrapada en su existencia encastada. Tampoco aquí se puede hacer nada por
evitarlo, a pesar de que el buen corazón de Gandhi le llevase a decir que él
desearía ser paria en su próxima reencarnación (a fin de solidarizarse con los
suyos), lo cual resultaba reencarnatoriamente imposible incluso para un hombre
tan bueno como él, o precisamente por eso.
11. Hiperrracionalismo. Por lo demás, “no es válido sostener que el
hombre cosecha únicamente lo que ha sembrado. La enfermedad y las desgracias,
el dolor y el sufrimiento presente, no pueden interpretarse como la
consecuencia necesaria de una culpabilidad previa… la ley del karma pertenece a
los intentos racionales por integrar de manera comprensible en un sistema
explicativo las realidades negativas como el mal inexplicable y el sufrimiento
injustificado. Pero tal intento está destinado al fracaso y va acompañado de
graves riesgos, tales como hacer de los triunfadores de este mundo los elegidos
de Dios, remitir las deformaciones de los recién nacidos a las culpas previas
que cometieron sus almas en existencias anteriores, convertir a los que viven
en situación de marginación, o de pobreza, o de discriminación, en responsables
de su propio destino como consecuencia de la culpa kármica previamente
acumulada”.
12.
Menosprecio antropológico de la corporalidad. El cuerpo pena los
deméritos y sólo sirve como instrumento expiatorio, no como instrumento eficaz
y activo para la liberación; además, una vez alcanzada la liberación definitiva
del alma, al cuerpo no le queda ya esperanza alguna de resurrección y
glorificación.



No hay comentarios:
Publicar un comentario